La calle Tödistrasse se caracteriza por una densa sucesión de edificios históricos. La reforma se entiende como una continuación precisa de este contexto y se integra de forma natural en el paisaje urbano consolidado.
En el centro del proyecto se encuentra la fachada, como elemento mediador entre el edificio protegido como monumento histórico y la intervención contemporánea. Esta retoma la estructura clásica —zócalo, cuerpo de la fachada y remate del tejado—, así como la paleta de colores del edificio antiguo, y arraiga el edificio en su entorno histórico. Al mismo tiempo, se desarrolla mediante un orden claro y modular y el uso de vidrio y metal.
El perfilado y la solidez confieren a la fachada una representatividad serena y una ornamentación discreta. La intervención se mantiene, en conjunto, reducida y precisa, con líneas claras, una estructura de planta flexible y una expresión arquitectónica atemporal.